martes, 8 de octubre de 2013

Pasión ¿por la danza?


Era una tarde fría y que anunciaba lluvia. Yo iba saliendo del ensayo de danza junto con mi compañero Álvaro. 
Él acaba de terminar la carrera, es seis años mayor que yo y, aunque ambos somos Aries, tenemos ciertos choques a veces. Nos gusta ser sarcásticos, pero lo que me molesta de él es su manera de decir lo que opina, como un sabelotodo.
En fin, salimos del ensayos, fuimos por un café y una dona para calmar el hambre y el frío, así mataríamos dos pájaros de un tiro. Yo sinceramente iba muy ensimismada en mis pensamientos y para mi suerte, accidentalmente choqué con él, tirándole todo mi café encima. 
Me disculpé y le dije que lo acompañaba hacia los camerinos para que se secara su camisa. Aceptó y para allá fuimos.


Seguíamos platicando, dijo que no fuera tan distraída, que me comportara con la precisión de una bailarina. Yo puse mala cara, porque sabía que sus comentarios eran más de burla que de consejo. Decidí ignorarlo, pero de repente comenzó a comportarse muy raro, bueno, más que otras veces.
Me comenzó a preguntar acerca de mi vida amorosa, algo que me dejó confundida. Yo contesté con la suficiente información sus cuestiones, no más ni menos.
De pronto, empezó su papel de macho tratándose de ganar a la hembra. Pero es tan poco sutil que terminó diciendo de una manera muy directa y brusca que quería tener sexo conmigo.
Reí por un momento, pero luego me puse seria al percatarme que eso iba muy enserio. ¿Álvaro fijándose en una torpe, infantil y poco femenina como yo? "Jajaja... No. Espera, es cierto." 
Y me vi sucumbir ante su patético ritual, o ya no sé quién fue más patético. Es igual, sólo el camerino del fondo fue el testigo de aquella tarde lluviosa y apasionada con quien menos me imaginé estar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario